El color del rosado

El color de la excepción

Una de las cosas más atractivas de un vino rosado, es precisamente, su color. Este tipo de vinos maneja una amplia gama de tonalidades qye están directamente relacionadas con la elaboración y la variedad de la uva de la que se parte. El amplio espectro cromático de estos vinos van del rosa suave, pasando por un carmín casi fucsia y toda una variedad de rosa frambuesa y fresa.

Cuando el color empieza a virar hacia tonos teja, anaranjados o a asalmonados, el rosado se pone en evidencia, dejando claro que se encuentra en fase de oxidación, es decir que decae su frescura y ligereza, o lo que es lo mismo, su principal atractivo. Como en todo, esta regla tiene una excepción: los clásicos vinos de Cigales, que presentan un color que recuerda a la piel de cebolla. Este tono asalmonado del rosado de Cigales que, en este caso, habla de tipicidad y carácter.

Cuando hace siglo y medio, la moda francesa importada de Burdeos imponía sus clairet, Cigales tuvo su momento de esplendor y para asemejarse más a esa moda, los bodegueros “coloreaban” el vino con un poco de uva tinta, dando lugar a los vinos llamados pardillos, que luego dieron lugar a los claretes, obtenidos por la mezcla de variedades blancas y un porcentaje inferior de tintas. Hoy ésta es una práctica casi desechada ya que el buen rosado actual se elabora a partir de uvas tintas cuyo mosto no ha permanecido mucho tiempo con los hollejos, por lo que no ha cogido tanto color quedándose en un tono rosa.

Fuente: Anuario el pais



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