Existe un principio básico en cuanto al color de los vinos: los tintos jóvenes empiezan en profundos tonos amoratados, poco transparente y oscuros, y van tomando a tonos teja y aclarándose con los años, al contrario que los blancos que se oscuren con la edad.
AsÃ, cuando el tinto se presenta oscuro y con un borde granate o violáceo, con una gran riqueza de antocianos (pigmentos oscuros), delata juventud.
Poco a poco y a medida que envejece, cuando es crianza, reserva o gran reserva, se van tomando del rojo carmÃn, rubà o grnanate, hasta terminar en tonos teja, pardos pero con poca cantidad de color, poco cubiertos.
Por su parte los vinos blancos sufren un proceso inverso a través del cual se van oscureciendo. Los blancos jóvenes suelen presentar tonos acerados, verdosos y pajizos. Los blancos más viejos o con crianza en barrica tienen tonos que pueden idel amarillo ocre al dorado.
Los vinos generosos, del dorado al ámbar, pasando por el topacio y el pardo. El jerez varÃa del amarillo pálido con tonos acero casi limón de los finos y manzanillas, a los tonos ambarinos, cobrizos y caoba en amontillado y olorosos, hasta el negro oscuro, yodado delos Pedro Ximénez.
Fuente: Anuario El Pais




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